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Procrastinación y perfeccionismo: descubre qué hay detrás de postergar tus tareas

Actualizado: 14 ago

Postergar tareas, dejar todo para después o “esperar a estar en el estado mental ideal” puede parecer algo cotidiano. A menudo lo atribuimos a falta de disciplina, pereza o desorganización.


Pero, ¿y si la procrastinación no fuera simplemente un mal hábito… sino un síntoma de algo más profundo?

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Procrastinación: cuando no es flojera, sino miedo


En muchos casos, la procrastinación no es pereza: es miedo. Y ese miedo, con frecuencia, se disfraza de perfeccionismo.


El perfeccionismo invisible que alimenta la procrastinación


Cuando pensamos en perfeccionismo, solemos imaginar a alguien que lo tiene “todo en orden”, altamente exigente y productivo. Sin embargo, existe un tipo más silencioso y saboteador: el que posterga para no fallar.

Frases como:


  • “Si no lo hago perfecto, mejor no lo hago.”

  • “No me siento listo todavía.”

  • “Me da miedo empezar y que no salga bien.”

  • “Necesito más tiempo, más preparación, más claridad…”


Estas ideas parecen racionales, pero esconden un patrón emocional: evitar el malestar que genera la posibilidad de equivocarse, fallar, decepcionar o no estar a la altura.El resultado: el perfeccionismo alimenta la procrastinación, y la procrastinación alimenta la culpa. Un ciclo que se repite y se fortalece.


Cómo aborda la Terapia Cognitivo-Conductual la procrastinación


Desde la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), la procrastinación no se trata como un problema de fuerza de voluntad, sino como el resultado de pensamientos, emociones y conductas aprendidas. El trabajo terapéutico incluye:


1. Identificar pensamientos perfeccionistas


Reconocer creencias como:

  • “No es suficiente.”

  • “Debo hacerlo todo bien o no vale la pena.”

  • “Si me equivoco, será un desastre.”


Una vez detectadas, se cuestionan y se reemplazan por pensamientos más realistas y compasivos.


2. Exposición a la imperfección


Hacer las cosas aun sabiendo que pueden salir mal. El objetivo es tolerar el malestar de no cumplir con un estándar imposible y descubrir que “hecho imperfecto” es mejor que no hecho.


3. Dividir tareas en pasos mínimos


Procrastinamos más cuando la tarea parece inmensa. La estrategia es crear microacciones que reduzcan la barrera de entrada y generen sensación de avance.


4. Reforzar el esfuerzo, no solo el resultado


Premiar el hecho de haberlo intentado, aunque no sea perfecto, ayuda a desactivar la rigidez perfeccionista.


Una mirada más compasiva a tu procrastinación


Tu procrastinación no te define. Puede que no seas perezoso/a, sino que estés agotado/a de exigirte tanto. Tal vez no eres indisciplinado/a, sino que tienes miedo de no dar la talla.


La TCC puede ayudarte a resignificar ese miedo y transformar tu relación con las tareas y contigo mismo/a.


Da el siguiente paso en tu bienestar


Si quieres trabajar tu procrastinación desde la raíz y aprender herramientas prácticas para tu autocuidado, revisa nuestra página de herramientas de salud mental.


Allí encontrarás recursos digitales diseñados especialmente para acompañarte en tu proceso de crecimiento personal.

 
 
 

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