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Cómo las emociones y el cerebro influyen en tu peso: más allá de la fuerza de voluntad

Actualizado: 14 ago

Vivimos rodeados de mensajes que aseguran que perder peso es solo cuestión de motivación o fuerza de voluntad. Sin embargo, esta visión simplista ignora procesos psicológicos y neurobiológicos que influyen profundamente en nuestra relación con la comida y con nuestro propio cuerpo.


En este artículo exploramos cómo el sistema límbico y las emociones impactan en el peso corporal, desmontando los discursos culpabilizadores que tanto daño hacen.

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¿Por qué no es solo fuerza de voluntad?


En la cultura actual escuchamos frases como “si quieres, puedes” o “solo te falta disciplina”. Estas ideas pasan por alto la complejidad del comportamiento alimentario y su relación con:


  • Emociones

  • Mecanismos de recompensa cerebral

  • Aprendizaje y experiencias tempranas

  • Factores sociales y culturales


Reducir el peso a una cuestión de motivación no solo es inexacto, sino que aumenta la culpa y no resuelve las verdaderas raíces del problema.


El papel del sistema límbico en el peso y la alimentación


¿Qué es el sistema límbico?


Es un conjunto de estructuras cerebrales implicadas en la regulación de las emociones, la memoria y la motivación. Incluye:


  • Hipotálamo: controla el hambre y la saciedad.

  • Amígdala: procesa emociones como miedo y ansiedad.

  • Hipocampo: vincula recuerdos y experiencias con la comida.


¿Cómo influye en el peso?


El sistema límbico se activa en situaciones de estrés, tristeza o ansiedad, generando cambios en el apetito y motivando la búsqueda de alimentos reconfortantes. Esto puede llevar a comer más de lo necesario, no por hambre física, sino para calmar emociones intensas.

Además, cuando el estrés es constante, el hipotálamo puede alterar el equilibrio entre la señal de hambre y la de saciedad, favoreciendo la ganancia de peso.


El circuito de recompensa y el placer de comer


El cerebro cuenta con un sistema de recompensa que se activa al consumir alimentos ricos en azúcares y grasas. Este sistema libera dopamina, generando placer y reforzando la conducta de comer como una forma de regular emociones difíciles.

Esto explica por qué muchas personas recurren a la comida para sentirse mejor y no únicamente por necesidad nutricional.


El riesgo del discurso de la motivación extrema


Frases como “tienes el cuerpo que te mereces” o “solo es cuestión de querer” pueden tener graves consecuencias:

  • Aumentan la culpa.

  • Generan frustración.

  • Dañan la autoestima.

  • Perpetúan una relación disfuncional con la comida.


El peso corporal es multifactorial: influyen la genética, los determinantes sociales, la historia de vida, los aprendizajes familiares y el entorno cultural. Por eso, culpar a la falta de disciplina es incompleto e injusto.


Hacia una comprensión más compasiva


La psicología del peso y la neuropsicología ofrecen herramientas para entender mejor los procesos que nos llevan a comer de determinada manera. Esto implica:


  • Trabajar la regulación emocional.

  • Identificar patrones de afrontamiento.

  • Fortalecer la autoestima.

  • Sanar heridas emocionales.


Con apoyo profesional, es posible transformar la relación con la comida y el cuerpo de forma más amable y sostenible.


Conclusión


Tu valor no depende de un número en la báscula. Comprender las emociones, el cerebro y el contexto que rodea al peso es clave para romper mitos dañinos y construir un camino hacia el bienestar integral.


Si sientes que has intentado de todo y nada funciona, no estás solo/a.La terapia psicológica puede ayudarte a identificar la raíz de tu relación con la comida y a crear cambios sostenibles sin culpa ni castigos.


Agenda tu cita ahora y comienza un proceso que integra ciencia, emociones y bienestar real para lograr una relación más sana con tu cuerpo y tu alimentación.

 
 
 

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